La vida diaria está llena de expresiones
que nos hacen pensar que las decisiones son cosas
esporádicas; momentos especiales o acontecimientos programados. Pero
estos momentos suelen pasar sin mostrar el grado de importancia que puedan
tener. Y por supuesto; no siempre decidimos decidir. Muchas veces, debemos decidir; lo cual es obviamente; diferente.
Y no hay postergación que valga. Definitivamente, lo cierto es que decidimos a
cada instante; cada día está plagado de decisiones; unas tras otras. Algunas
podremos corregirlas; cambiarlas. Pero nunca borrarlas. Las decisiones tienen
un componente especial que nosotros no manejamos a totalidad: tiempo. Solo una
vez podemos definir el registro de nuestro tiempo, y es ahora. Un
segundo después; eso sera cosa del pasado. Sin duda, algunas decisiones, son más importantes que otras. O al
menos, eso es lo que podemos pensar a simple vista. Que tan importante fue la
decisión que tomamos acerca del plato que escogimos a la hora del almuerzo? O
los dos minutos de retraso antes de llegar; o la palabra que no dijimos. La
llamada que hicimos. O las cosas que empezaron ayer. O las que terminaron. Las decisiones son a veces tan
sutiles y cotidianas que no las registramos como eso: decisiones.
El eventual hecho de que a veces las
analicemos o no; no impedirá que afecten o que incluso modifiquen nuestra vida.
Y la de los otros. Y
quienes son los otros? Eso
depende a veces de cuanto abarque nuestra vista periférica; o es cosa del nivel
de consciencia. O más simple aun; de si nos importa o no. Vamos; a veces ni
siquiera queremos enterarnos de lo que acabamos de decidir. Y se pretende tapar
el sol con un dedo. Esa ceguera temporal o definitiva; es obviamente; también
una decisión. Decidimos en automático. ¿Que no te suena lo de “automático”? ; vaya; que a
veces caminamos con los ojos cerrados.

